

En Bolivia, la formación para el trabajo tiene el doble desafío de responder por un lado a las necesidades de formación integral a lo largo de la vida de las personas y por otro, contribuir a un desarrollo humano socialmente incluyente, facilitando un crecimiento sostenible, equitativo y solidario del conjunto de la sociedad boliviana.
La educación y la formación para el trabajo y la producción, son herramientas fundamentales para atender las necesidades de un desarrollo económico sostenible y equitativo en el país y fortalecer las capacidades de hombres y mujeres para que mejoren su calidad de vida, sus opciones de desarrollo individual y colectivo.
Desde una perspectiva transformadora, se reconoce también que la formación y capacitación para el trabajo y la producción constituyen ámbitos fundamentales para el reconocimiento y revalorización de la diversidad y de la interculturalidad en nuestro país, a partir de la recuperación de saberes científicos y culturales ancestrales que han sido históricamente subordinados.
A este conjunto de desafíos y redefiniciones se suma la necesidad de identificar y atender las demandas de integración social instaladas en una multiplicidad de actores, sobre todo en los grupos históricamente excluidos como son los pueblos indígenas y originarios, mujeres, jóvenes, demandas que se relacionan con la capacidad de generación de ingresos, empleo, autoempleo y emprendimientos productivos.
Las políticas educativas del país en los últimos años se concentraron en la atención a los niveles de educación formal y fundamentalmente del nivel primario. No obstante, en los últimos años se dan iniciativas desde la sociedad civil y del Estado que reconocen la necesidad de abordar la construcción y consolidación de un sistema de formación técnica profesional y de formación para la producción, que fortalezca, reconozca y certifique las competencias y saberes de las personas.